Y el Goya es para…

Estamos en unos días en los que las palabras INCLUSIÓN, DIVERSIDAD y VISIBILIDAD se escriben con mayúsculas y negrita llenando titulares de noticias y artículos en todo tipo de medios de comunicación.

Esto sucedió gracias al discurso dado por Jesús Vidal en la gala de los Premios Goya, después de proclamarse ganador de uno de estos “cabezones”. Por suerte, supo aprovechar ese momento. Desde la humildad y la propia realidad, dejó un mensaje que expresó parte de esa historia de superación, y conjuntamente visualizó la SUPERACIÓN que otras personas con algún tipo de discapacidad ejecutan en su día a día.

Jesús Vidal, se llenó de gloria merecidamente, porque ese momento le pertenece a él. Conseguido con su esfuerzo, trabajo y, ante todo, con su lucha y superación personal que, aun no siendo conocedor de su historia vital, se podría asegurar que fue, es y será mucha.

Y tiene todo el derecho del mundo a aprovecharlo de esa manera, porque seguramente se sintió libre de condicionantes en ese momento. Cosa que con mucha probabilidad no sintió en ámbitos más cotidianos de su vida social.

Otros muchos participaron de ese discurso desde un ejercicio de amabilidad, solidaridad y admiración. Provocando un ejercicio de reflexión sobre este ámbito social. Esa dura realidad que vive muchas personas en su día a día y que, a una persona sin ningún tipo de discapacidad se le escapa en su visión vital.

Pero también participaron de él, retuitearon, compartieron, pincharon un ideológico me gusta y demás chiringuitos logarítmicos de las redes sociales muchos hipócritas. Inclusive se atreverían a emocionarse con el discurso, alabarlo y corroborarlo cómo verdadero y necesario. Esos mismos, que a la hora de tener que fomentar medidas favorecedoras para que esas tres palabras sean efectivas, olvidan su significado etimológico, social y cultural.

Hablo de quien nos mandan desde las altas cámaras y recortan presupuestos en sanidad, investigación, dependencia y otros ámbitos sociales y culturales. Hablo de quien por la calle mira con prepotencia o fragilidad a personas con algún tipo de diversidad funcional. Hablo del que aparca el coche en la plaza de discapacitados porque “solo son cinco minutos”. Es decir, de las personas que directa o indirectamente desprecian a estas personas que poseen alguna diversidad funcional.

Sona fuerte, ¿verdad? Desprecian. Pues sí, desprecian. Podemos usar otras, cosifican, ignoran, oprimen, discriminan. Duras, ¿verdad? Pero así es la realidad.

La reacción de la sociedad a cosas como la de estos días es la típica reacción populista. Una empatía sensacionalista que será solidaria y entenderá el mensaje, pero, a tres días vista…si te he visto, no me acuerdo.

Falta de cultura, de educación, de información y de solidaridad. Que ojo, no se pide dar lástima, pero sí se pide respetar derechos. Derechos humanos recogidos en documentos oficiales, y que ayudan a estos colectivos a participar en un mínimo de condiciones en los diversos ámbitos de la sociedad.

En mi experiencia personal tengo anécdotas representativas de esta hipocresía para llenar un libro. Y esto, en un período de diez años. Piensen las historias de personas que lo sufren desde el primer día de vida. Digo más, soy conocedor de historias y comentarios hipócritas dentro del propio entorno familiar de personas discapacitadas. Así nos vá.

Por lo tanto, todos esos mandamases que suscribieron esas palabras; ¡trabajen y actúen coño!, que por eso se les pagada. Y dejarse de tanto postureo, lazitos en la solapa del traje y demás tonterías iluminadas quedan bien en fotos, pero ni salvan vidas ni otorgan dignidad y calidad de vida. Y los que no son mandamases, pero actúan bajo esa hipocresía barata, mejor pónganse a un lado. Porque ningún personaje perteneciente a esta culimañada no tiene puñetera idea de las duras situaciones que vive una persona con una discapacidad, y las personas que conviven con ella, independiente del grado de discapacidad que uno tenga.

Así que quítense esa careta hipócrita de actores y actrices dramáticos, que el único “cabezón” que veréis, será el de las personas que pertenecen a asociaciones a favor del cumplimiento de derechos para estos colectivos. Dando voz, luchando, actuando, reclamando y buscando la efectividad de esas tres palabras. Tal y como hizo Jesús Vidal con su merecido premio en la mano, y alentando con sus palabras al resto de la sociedad que habían batido en su consciente y subconsciente.

Porque la INCLUSIÓN, DIVERSIDAD y SOLIDARIDAD no es la temática de ninguna película. Es el día a día de muchas personas que precisan que sean efectivas y reales, y no por lo contrario, algo que suene a ciencia ficción.

Eduardo Fernández Calvo, Febrero 2019.