Restaurante Benboa. Una “Benboa” experiencia.

 “Forzas do ar, terra, mar e lume, a vos fago esta chamada…” Podríamos decir que estas palabras del conjuro de la queimada pudieron surgir de este punto occidental de la costa gallega, donde ese viento “mareiro” soplador, la tierra sedimentaria, la bravura del mar, y un metafórico fuego ardiente sobre el mar durante loa atardeceres, envuelven a Corrubedo en un ambiente hechizado.

Atardecer en el faro de Corrubedo.

Un entorno en el cual existe un ecosistema natural especial. Una gran riqueza de flora y fauna en el entorno del Parque Natural de Corrubedo y lagunas de Carregal y Vixán. Pinares que van dejando sitio al monte bajo que crece por medio de las rocas, encaminándose hacia la bravura del viento y del océano Atlántico que durante millares de años moldeó esta punta peninsular. Pero también posee un gran ecosistema emocional, que se hace álgido desde un balcón privilegiado como es el faro de Corrubedo, durante los mágicos y ardientes atardeceres donde el astro Sol desaparece bajo las aguas atlánticas, o los embrujantes y desafiantes temporales que ese Océano trae a la tierra.

Puerto de Corrubedo. Monumento homenaje a los naufragios.

El pueblo de Corrubedo se asienta sobre arena y roca. Ahonda sus raíces en el mar que tanto ha dado a sus gentes, y la vez, en forma de naufragios tanto le ha quitado. Un paseo por sus calles, en un aura de tranquilidad, te llevará a encaminarte hacia el ruido de las olas golpeando en el espigón del puerto, que da refugio a las embarcaciones amarradas esperando la partida para coger pescados y mariscos que se esconden bajo estas aguas.

El paisaje, las playas, el parque dunar, las lagunas, el faro, el embrujo del mar, los atardeceres… Podemos seguir enumerando cualidades que entronen esta punta de la península barbanzana y  sitúen en el mapa a la gente de este pueblo, y tanto sean tangibles o emotivas, quedan sujetas a esta lengua de arena y rocas graníticas que se internan en la salobridad y bravura del gran azul Atlántico.

Aunque actualmente desde hace 5 años, este pueblo recibe un mayor número de visitantes con perspectivas gastronómicas diariamente y, especialmente, en fines de semana, festivos y verano gracias al Restaurante Benboa.

Benboa no es un restaurante al uso, más bien puede describirse como un espacio Gastronómico que engloba diversas actividades en su hacer diario. Describirlo totalmemte se hace complejo, pero podemos decir que alberga desde una taberna a una pescadería, pasando por ser un restaurante, una cetárea, una cocina de platos de quinta gama y una distribuidora de mariscos y pescados.

Asentada en una antigua fábrica de salazón, donde las paredes de piedra hacen visible y mantienen la originalidad de cuando era fábrica. No descordina el resto de la decoración del establecimiento hecha en hierro envejecido y madera de batea, además de diversos aparatos sujetos a la principal temática que engloba Benboa: el mar y su industria.

El establecimiento nos recibe pudiendo diferenciar principalmente tres partes.

La Taberna, donde tomar un café, vino o copa. Además, una carta de tapas y raciones para picotear en un tono más desenfadado. Tiene su extensión en una terraza acristalada que posibilita una panorámica de la franja costera del pueblo y del parque dunar.

El Restaurante, más íntimo y recogido, enfrente de una cocina a vista y vigilado por los vinos vivos (en la mayoría gallegos) que reposan en una bodega totalmente acristalada.

El mercado, punto de venta de productos frescos (pescados y mariscos expuestos en la pescadería, que bien los puedes llevar, o te los pueden elaborar allí para almorzarlos en el Restaurante) y otros elaborados, como conservas, vinos o propios productos elaborados por ellos mismos, con su propia marca.

Pero aún esconde dos zonas más para la diversificación de su actividad comercial.

En el piso bajo del establecimiento, a escape de las miradas de los clientes reposan centollos, bogavantes, bueyes o nécoras en amplias balsas de agua. Esta es captada a 150 metros mar adentro mediante un sistema de tuberías y, después de pasar un proceso de purificación, mantiene a los bichitos en su spá particular, hasta llegarles el momento de pasar por pucheros o ser enviados a diferentes puntos de la geografía del país, frescos o cocidos. Y por último, una amplia cocina bien equipada, que da apoyo en la elaboración de ingredientes para la cocina de pase del Restaurante además de elaborar platos de quinta gama que comercializan bajo su propia marca Benboa.

Así fue que nos juntamos siete “comederes” con laintención de disfrutar los platos elaborados en este singular restaurante.

Esta vez elegimos la zona del Restaurante Benboa. De la carta, que oferta una selección de entrantes formada por varias ensaladas, croquetas, empanada, pastel de marisco y diversos mariscos en diferentes elaboraciones, decidimos escoger unas croquetas de choco y marisco, unas zamburiñas y los snacks Benboa. Una selección algo condicionada por el más pequeño de los comederes, pero que también nos contentó a los más mayores.

Para abrir boca, y acompañarlo con la primera elección de vino (un albariño D.O. Rias Baixas, Cabana das Bolboretas sobre lías, limpio y armónico, equilibrado con una persistencia en boca de intensidad media) un aperitivo de un brick crujiente de cerdo con mayonesa de aceituna.

Croquetas de marisco y croquetas de choco en su tinta con un rebozado fino pero crujiente y un interior de suave textura y buen sabor.

Las zamburiñas al horno con pil pil de lima fueron buena elección. Combina perfectamente la ligera acidez del pilpil, la dulzura de la zamburiña y el frescor de las ralladuras de lima. Lástima de unas escamas de sal para potenciar los sabores de la zamburiña (que no es tal, sino que sería volandeira).

Para finalizar con los entrantes, los snacks Benboa: tempura de rape, brick de pulpo y queso,  langostinos crujientes con polvo de maíz, patata hojaldrada y mayonesa de wasabi. No voy a ser el primero que diga que una fritura bien resuelta, sin excesos de aceites y con una salsa para mojar va a ser “caballo ganador” para todos los paladares.

Fin del primero acto, y continuábamos con el festín.

Renovamos bodega, pero elegimos nueva referencia, totalmente diferente a la anterior pese a coincidir en la variedad de uva (Albariña) y en el modo de elaboración (sobre lías).

Perteneciente a Vinos de la Tierra del Barbanza e Iria, de la Bodega Entre os Rios, maridamos el resto de la comida con un Altares de Postmarcos, un vino que no te deja indiferente por las “aristas” que lo caracterizan. Un color dorado, aromas lácteos y de compotas, un trago potente, persistente y retrogusto profundo, da constancia de su paso por lías.

El segundo acto llegó la mesa y el desfile de platos se fue sucediendo.

Pulpo a la brasa con cacheliños asados y pil-pil de allada.

Tataqui de bonito de burela con noodels de soja y verduritas.

Guiso marinero de pescados y bivalvos de la pescadería con patatitas.

Solomillo de ibérico a la parrilla con cacheliños salteados con aromáticos y chimichurri.

Además de esto, tienes la posibilidad de arroces, carnes selectas de vaca o las piezas enteras de los pescados expuestos en la pescadería.

Una oferta amplia, variada y de calidad.

Y como no hay dos sin tres, llegó el tercero acto en forma de golosinas, de la cual cada uno fue   lamiendo de donde pudo o quiso.

Frescor en el Helado de “hierbabuena”, cerezas confitadas y crujiente de galleta.

Tradición y sedosidad en el flan, en este caso de requesón de A Capela.

El primero puesto para…la tarta de queso el horno con toffe y frutos secos.

La contundencia en el “tarriño Benboa: café de olla, helado de vainilla y crumblé”.

Para finalizar esta sección no apta para diabéticos, unas cañas de la abuela rellenas de crema pastelera.

Para rebajar, fresas y frambuesas que acompañaban las cañas, cafés e infusiones.

Ahora sí que se cierra el telón de esta función gastronómica, con ovación y quedando con ganas de un “bis”, que aseguramos volver a por él encantados de la vida.

Destacamos el contenido gastronómico, la decoració. Pués es de bien nacidos agradecer el trato recibido durante servicio y en la visita de las instalaciones de la cetárea.

Pero nos quedaba hablar de la Accesibilidad para personas con movilidad reducida, y la línea de complacencia hacia el cliente sigue en la misma línea.

Realizando el aparcamiento en la explanada del puerto, tendrás un desplazamiento cómodo por un pavimento liso y suelo hasta una rampa de acceso al establecimiento con pendiente descansada.

En el interior todo el establecimiento corre al mismo nivel, en un piso que no es totalmente liso por los materiales rústico que lo forman, piedras y madera, pero no dificulta desplazamiento.

Espacio entre mesas correcto, tanto en la zona de la Taberna como en la del Restaurante que permite un desplazamiento cómodo sin interferir en la estancia del resto de clientes.

Por tanto, el acceso hasta las mesas es fácil de alcanzar y estas también son accesibles. Salvo las que están formadas por paléts, que por la altura existente del suelo a parte baja de la mesa te puede causar alguna dificultad, o la que está dispuesta sobre un rodillo de madera que no te permite entran en profundidad bajo la mesa. Las mesas de la zona de la taberna también son accesibles en su mayoría, salvo las dispuestas sobre rodillos de madera. Por lo que recomiendo que, en el momento de hacer una reserva, detalléis que sois usuarios de sillas de ruedas para que os instalen en una mesa que no os pueda condicionar el acceso a ella.

Los servicios son accesibles, teniendo una estancia totalmente adaptada para personas con movilidad reducida, con lavamanos correcto en colocación y altura, barra de apoyo lateral para el inodoro y un ángulo de giro súper amplio.

Tan solo pondremos un pero. La no accesibilidad a zona de la terraza, que se eleva sobre una tarima.

Pero como siempre digo, prefiero un punto crítico de un local accesible a un local no accesible que no podamos valorar. Tenemos que aprovechar y agradecer los locales que prácticamente tienen plenitud de condiciones de accesibilidad para personas con movilidad reducida, permitiéndonos no estar condicionados en una acción tan común como la de rodearte de tus seres queridos para disfrutar de una “benboa” comida.

Por todo este conjunto de cualidades y calidades le damos a Benboa la condición de GASTROACCESIBLE.