Diversidad funcional. “…nunca sabes que te puede tocar”

Nuevo 3 de diciembre. Nueva fecha para celebrar el día de la #diversidad funcional. Desde hace tres años, en este día escribo un artículo exponiendo diversos aspectos que rodean y definen estás palabras, #DIVERSIDAD FUNCIONAL. Exponiendo realidades que, por lo normal, y generalizando, no son todo lo positivas que hubiésemos querido o hubiesen debido ser.

Pese a la significativa relevancia de este 2020, tampoco es que podamos escribir que todas las carencias que rodean a este sector social fuesen solucionadas. Pero no desistamos. Llegará ese tiempo, aunque quede a más o menos años luz, donde constataremos la plena ejecución de esos avances inclusivos. Avances que consigan una integración social total de todos estos grupos que forman esta gran #familia diversa. Grande en número y grande en valor.

Porque ante la catastrófica historia que queda escrita en el “Veinte Veinte”, démosle vuelta a la tortilla y hablemos de esperanza, vida, superación y valoración.

Con estas palabras se deben entender cada una de esas “#vidas diversas”. En este sentido siempre hablo de las vidas propias y de las vidas de quien los acompaña día a día. Porque la diversidad funcional se sufre en primera persona y se comparte con el resto de las personas pronominales que pertenecen a tu día a día. Ti, él, ella, nosotros, vosotros y ellos.

Brotan por el país y en el mundo estos tipos de vidas. Cada día, por diferentes circunstancias, se suman unas nuevas. Solo en España, cerca de tres millones de personas conviven con algún tipo de #diversidad funcional. Cada cual diferente de la otra. Y es que como en la tortilla, en la #discapacidad, aun teniendo los mismos ingredientes, no hay dos iguales. Ilusión, superación, aceptación, integración, lloros, sonrisas, abrazos… ingredientes que condimentan esta receta de la vida donde el buen sabor reinará cuando impere lo “más” por encima de lo “menos”.

Gusta leer historias vitales de quienes conviven con alegría y naturalidad algún tipo de esta diversidad funcional. Como se sobreponen a la situación, avanzan socialmente, le ponen una sonrisa a vida, buscan la integración social y descartan el gueto donde los quieren encerrar. Quizás miremos con cierta melancolía estas narraciones o promulguemos absoluta admiración a quienes se sobrepone la estos destinos de la vida. Cierto es que la parte mala ya bien dada en la propia disfunción, por lo que el positivismo tiene que construirse desde el interior de quien convive con ella.

¿Ayudas? Pues todas son buenas. Particulares, personales, públicas y quien diese alguna milagrosa (bien sea pagana o religiosa). Aunque la primera ayuda debe de empezar por un mismo. Lo que venga a continuación, pues será un buen empujón para ayudar en el avance vital.

No puedo dejar de dedicarle unas líneas a todos esos organismos públicos que debiesen cumplir o exigir cumplir la normativa vigente. Normativa, que sin lugar a dudas es un soporte fundamentar en el día a día de muchas de estas #vidas diversas. Pero bien, aunque los avances mejoraron en desarrollo y funcionalidad respecto a la era medieval, más y mejor también se puede, y se debe, hacer en pleno siglo XXI.

Y creía yo, que estos corbatines no intensificaban la aplicación como es debido porque no vivían de frente con una situación real. Pues ahora hay un claro ejemplo público que demuestra el “todo vale” en este ámbito. La imagen que vamos explicar a continuación es reveladora de esto que hablamos. En cada sesión celebrada en el Congreso de los Diputados, podemos ver como una persona con diversidad funcional queda excluido de ocupar su escaño “físico”, por el hecho de desplazarse en silla de ruedas. Efectivamente hablamos de Pablo Echenique. Un ser de mente espléndida, lúcida y virtuosa que seguramente reste dramatismo a la situación que vive cada día que entra al hemiciclo. Lo mismo haría yo.

El colectivo de personas con #diversidad funcional debemos de aprender a transigir determinadas situaciones o, por el contrario, andaríamos encabronados por la vida la mayor parte de los días. Pero una cosa no puede cubrir a la otra. Se demuestra que nos acabamos adaptando a lo que sea y como sea, tendiendo a normalizar situaciones que debiesen darse de otra manera. Pero en la mayoría de circunstancias, esto viene desencadenado por no aplicar la normativa vigente. Un sin sentido. Aceptar una exclusión por no hacer cumplir el derecho a la inclusión. Que me lo expliquen los corbatines.

Pues en estas estamos un año más. Reivindicando #derechos, solicitando #accesibilidad universal, buscando la plena #inclusividad, deseando un futuro justo y alentador.

Por los colectivos con diversidad funcional que no quede en papel mojado todo esto. Eso sí, mientras esperamos el momento en tela de juicio, ellos seguirán transigiendo para no andar encabronados por la vida. Intentando avanzar, aunque otros no lo hagan. Con el imperativo moral de celebrar la vida con los que uno quiere (e incluso con los que uno no quiere). Donde el único juez de este destino será su propia consciencia. Sin mascarilla o con ella, ya se verá. Ponderando una mente abierta y llena de principios constructivos. Con lágrimas tristes y alegres carcajadas. Cada cosa en su momento, porque en función del día, tal y como dijo Forrest:

-“la vida es como una caja de bombones, nunca sabes que te puede tocar”.

Bonus track.

El final siempre acabo cagándome en los políticos y su inactividad. Vaya por delante que es la pura realidad. Pero también la sociedad en general, mostremos empatía sin melancolismos y buenismos innecesarios. Recordemos que nadie está exento de que en cualquier momento la vida te ponga en esta situación. Así que concienciémonos, eduquémonos y sensibilicémonos. Sin apariencias. Si no para crecer cada uno de nosotros en espíritu, moralidad y valores.

Y con esto no se pide limosna. Solo justicia y comprensión.

Eduardo Fernández Calvo. 3 de diciembre de 2020

De puño y letra.