Atención. Peligro de rodar

Un día de la pasada semana, en la primera lectura matinal de diarios informativos y redes sociales, una escalofriante descarga recorrió internamente mi cuerpo cuando leí el titular de la siguiente noticia: “El CHUAC atiende dos lesionados medulares en 24h que se tiraron de cabeza al mar”. Inevitable que se me estremeciese el cuerpo. A punto de cumplirse en menos de un mes los diez años de aquel 23 de Junio fatídico en mi persona. Esta noticia me hizo viajar mentalmente a aquellas horas, días y meses. Ese tiempo en el cual tuve y tuvimos (porque tan intensamente lo vivió mi mujer y la familia) que aprender, aceptar y superar la convivencia con una lesión medular.

Una entrada en el agua corriendo y tirándome de cabeza, con la suerte de dar con la cabeza en la arena, produciéndose un golpe que rompió parte de las vértebras cervicales C4 y C5. El último segundo con sensación de contactos de los pies con la arena. En ese último segundo de tiempo no sólo se rompieron parte del cuerpo, sino que también rompió un plan de vida que por el momento tenía un rumbo, unas costumbres y unos hábitos, por otro plan que se presentaba como un folio casi en blanco, donde un nuevo reloj comenzaba a marcar los primeros segundos.

¿Qué sensaciones quedan en vuestro cuerpo después de leer estas palabras? Seguramente no sean las mejores. Pues estas líneas descriptivas son el primer grano de arena de la playa que rodea a una lesión medular, metafóricamente hablando, aunque caen perfectamente en contexto con la historia.

La problemática de las lesiones medulares, indistintamente de como sean:  zambullidas, accidentes de tráfico, caídas desde alturas…, pululea constantemente en el ambiente. El mal ocurre cuando se convenirte en hecho real en el cuerpo de una persona. Ni fui el único, ni el último, ni los nombres de esta noticia del periódico van a ser los últimos. Pero se debe intentar que sean los menos. Y sí en 5 días de buen tiempo ya van dos accidentes de este estilo, pues debemos acometer un momento de reflexión, educación y comprensión. Y quien lea esto o algún texto relacionada con esta temática, que comprenda, reflexione, difunda e instruya a las posibles víctimas de este tipo de lesiones.

Las personas, la prevención, las consecuencias

El perfil de las personas que sufren una lesión medular por “zambullida” suele ser la de “chicos jóvenes, adolescentes. Muy rara vez la de una persona adulta y en ningún caso de personas perteneciente al género femenino”, palabras relatadas por el Dr Rodriguez Sotillo, responsable de la planta de Lesionados Medulares del CHUAC. Esto no quita que tengamos que insistir y educar en esta prevención a todo el mundo indistintamente del género o edad. Ya se pueden hacer las campañas preventivas que se quieran, pero las medidas de prevención, como en otros muchos aspectos, las debimos tener claras y presentes cada uno de nosotros.

¿Como hacerlo? Pues posiblemente hablando y explicándole periódicamente a nuestros hijos, sobrinos, nietos, primos o amigos de que va la cosa. Que riesgos conlleva lanzarse de cabeza al agua. Y cuanto más temprana sea la edad, mejor. Porque a un árbol, si se mantiene derecho desde su nacimiento, con los años seguirá derecho, pero sí desde su nacimiento se tuerce, difícilmente se enderezará sin métodos drásticos.

Y no drástico, pero sí realidad PURA Y DURA, la simpleza de explicar que una de las consecuencias se escribe así: TETRAPLEGIA. Una lesión medular producida en las vértebras cervicales, y que puede dejarte para el resto de la vida sin movilidad y sensibilidad en tu cuerpo de la cabeza para abajo. Sentado en una silla de ruedas o postrado en una cama para el resto de tu vida.

Unas consecuencias terribles e irreversibles. Un gran desastre que no sólo se quedan en la imagen principal de la silla de ruedas, sino que, por el contrario, la rodean varios aspectos y factores que la dotan de una gran complejidad.

La lesión medular, a nivel médico, registra una complejidad no percibida por la mayor parte de la sociedad. Va rodeada de un proceso de rehabilitación física, reeducación de funciones de varios aparatos y sistemas del cuerpo, afección del sistema nervioso, afección del sistema digestivo … A nivel de convivencia, dependiendo del grado de dependencia que sufra la persona lesionada, el acondicionamiento del hogar para hacerlo lo más accesible posible sufrirá diversas modificaciones. Y no dejemos de hablar del posible cambio de costumbres, manera de hacer cosas en común etc… A nivel social una lesión medular provocará que el NO se escriba con mayúsculas en muchos aspectos de disfrute, debido a que no todas las actividades, lugares o establecimientos están acondicionados en cuanto a la accesibilidad para una persona que se desplaza en silla de ruedas. A nivel personal, se va conjugar todo lo descrito anteriormente personalizándose en uno mismo. En las sus costumbres, en sus hábitos de ocio, en su plan de vida…en tener que reconducir todo eso e intentar hacerlo, disfrutarlo, vivirlo o simplemente aprender a renunciar, porque la nueva normalidad que te va a tocar vivir, no te permitirá hacerlo como antes.

Todo esto descrito es un resumen muy reducido (faltaría hablar a nivel económico, laboral…) de cosas o consecuencias tangibles. Luego, por dentro de cada uno van las emociones y sentimientos provocadas por los hechos. Consecuencias intangibles e inmateriales que a posteriori, pueden pesar más y ser mucho más devastadoras. Una lucha interna y externa continua.

ASUMIRLO. Derrota, empate y victoria.

De un hecho, una consecuencia. De una acción, una reacción. De positivo a negativo. De afirmar, a negar. De cómo afrontar este tipo de lesiones, se podrían escribir tantas tesis como personas que la sufrieron, y como no se da el caso de tal información pues mi experiencia personal se puede decir que se esquematiza en esta serie de puntos.

-Intentar ser realista desde el primer momento, vivir en la falsa esperanza tan sólo conseguirá alargar el proceso si asimilación.

Escuchar y comprender los diagnósticos médicos, aunque uno hubiese querido escuchar lo contrario.

-Trabajar fuerte para mejorar tu cuerpo en lo posible, dentro de las circunstancias.

No ahogarse en la oscuridad de la situación. Quizás se podría estar peor, o no estar.

Apoyarse en quien te quiso, quiere y querrá. Posiblemente el de mayor relevancia.

Pero este método no valdrá para todos, pues cada uno posee una personalidad, una fortaleza, una manera de vida, unas circunstancias sociales …diferentes. Y para eso también existe la ayuda de profesionales que te orientan y ayudan a intentar sobrellevar la situación e intentar sacarte esas palabras, imágenes o acciones que recorren una y otra vez tu mente.

Se debe intentar entender desde el primer minuto que, aunque comiences perdiendo el partido, la remontada es posible. El empate llegará y la victoria se conseguirá, aunque sea por la mínima, cuando veas cosas que conseguiste hacer, y de las cuales no te veías capaz aquel día que tuviste esa SUERTE de cruzarte con ese contrincante llamado Lesión medular.

Que la “SUERTE” te acompañe.

En los consejos de padres o abuelos, seguramente tengáis escuchada esa frase “la suerte hay que buscarla”. Pues bien, no siempre hay que buscarla, ni siempre aparece y a veces, te encuentra ella sin esperarlo.

No considero que aquel 23 de Junio en la playa, me sonriera la diosa fortuna en aquella desafortunada acción. Pero quizás fue una SUERTE estar acompañado y que me acudiesen en el agua. Por lo contrario, no estaría escribiendo esto 10 años después.

Guardar rencor de un suceso de este tipo, consecuencia de algo casual, no debiese beneficiar mucho. Aun pudiendo considerarse intencionado ( y es que uno mismo realiza la acción), no debemos caer en el pesimismo de la autoculpabilidad o culpar a algo o alguien externo.

Dentro de este tipo de lesión medular por “zambullida”, su sombra camina en cada salto de cabeza para meterse en el agua. Bien sea desde una altura, entrando corriendo hacia agua, o adentrándose en olas de mar abierto. A mi entender, alguna es más temeraria que otra, pero a las consecuencias pueden ser igual de terribles.

A mí me tocó vivirla ese día y diera manera. Pero también pudo ser cinco días antes en otra playa donde una onda me envolvió y me metió un zarandeo de tres pares de co_ones. O tal vez mejor fuese al día siguiente. O quizás ya estaba escrito desde años antes tras haber comprado una camiseta serigrafiada con un “meme” de la marca deportiva Puma, donde ponía Pumba, y el puma era sustituido por la silueta de alguien que se tira de cabeza al agua. Cosas del destino. ¿Quién lo sabe?

Esta SUERTE, nadie la busca intencionadamente, pero puede aparecer en cualquier momento. No queda otra que procurar encontrar la SUERTE buena, y en su compañía, intentar reconducir la situación, llenándose de fuerza, rodeándose de quien te quiere y peleando por salir adelante.

Resumiendo.

Tras la lesión medular, y como con el coronavirus, también existe una nueva normalidad. Muy distinta a la anterior en innumerables aspectos. Y también, en la recuperación de la nueva normalidad, tendremos que superar varias fases para recuperarnos y llegar lo más preparados posibles.

Pero para no tener que vivir esto, lo mejor va a ser no provocar acciones que nos acerquen a sufrir este tipo de lesiones porque:

  • No hay lesión medular sin consecuencias para el resto de la vida.
  • Reflexionar, pensar y repensar antes de una acción un tanto temeraria puede quitarnos de muchas desgracias.

Y si con todo esto, la mala SUERTE te encuentra:

  • No todo termina después de una lesión medular.
  • Para vivir, se debe aprender a convivir, entender y respetar la lesión medular.

Eduardo Fernández Calvo. Junio de 2020